lunes, 14 de octubre de 2013

La Virgen con su manto de flores

Este año 2013 he vivido unas fiestas del Pilar diferentes. Por primera vez, casi desde mi niñez, no he acudido a ningún acto festivo ni solemne, ni Misa de Infantes a las 4,30 a.m., ni al chocolate con churros posterior, ni a la Ofrenda de flores, a la que unos años he ido sin dormir, otros sin comer y otros he vuelto casi a la hora de cenar;  ni Rosario de Cristal, en el que terminaba sin saber de quién eran los pies, ni paseos por la plaza de los Sitios, ni por la ribera, comprando en los diferentes puestos que muestran lo mejor de nuestra gastronomía y artesanía regional, ni fuegos artificiales, ni conciertos...







Con motivo de un triste acontecimiento familiar me he ido fuera, a Salamanca, no tenía ganas de fiesta, pero como la he echado de menos, qué nostalgia, qué ganas de saber, cuántas preguntas a los que se han quedado aquí. ¿ha hecho buen tiempo? ¿hay mucha gente? ¿cómo van las fiestas? 

A pesar de disfrutar de la estancia, Salamanca es maravillosa, no he hecho más que pensar en Zaragoza y en las fiestas del Pilar.

Nada más llegar me he puesto a ojear los periódicos de estos días que ya encargué que me compraran, por supuesto; especialmente el Heraldo de Aragón, del que me encanta el cuadernillo impreso en que aparecen las fotografías de los grupos que han participado en la Ofrenda de flores.

Solo espero que pasen rápido los 363 días restantes para volver a vivirlas en vivo y en directo.

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